
Si compartes tu felicidad aumentará.Hoy comparto con vosotros uno de mis "tesoros", encontró mi alma el modo de traerlo hasta el papel y ahora "lo subo" aquí y lo lanzo al viento con la seguridad de que llegará a cada uno, en él va parte de vosotros mismos.
Con toda humildad y amor.
Libertad.
Eras tú
“Cuando el amor os llegue, seguidlo.
Aunque sus senderos sean arduos y penosos.
Y cuando os envuelva bajo sus alas, entregaos a él.
Aunque la espada escondida entre sus plumas os hiera.
Y cuando os hable creed en él.”
G. Jalil Gibrán.

Existe un mito, tan antiguo como el hombre, que relata como fue creado con dos cabezas, una delante y otra detrás, cuatro piernas para ser veloz, cuatro manos y…lo más importante, dos sexos, por lo que no necesitaba de nadie para procrear. Zeus, el Dios de todos los Dioses, dándose cuenta de lo poderoso que era el hombre y, temiendo lo fuera más que él mismo, lo partió en dos y de ahí salieron el hombre y la mujer.
Desde aquel instante hombres y mujeres deambulan por el mundo en busca de su otra mitad.
Recuerdo que la primera vez que leí la leyenda albergaba muchas ilusiones sobre mi alma gemela. Es el mensaje que llega a cada persona lo que importa y, para una soñadora como yo, la idea de deambular por el mundo en busca de mi otra cabeza, me llevaba a imaginar en un futuro no muy lejano… una hermosa playa, una tarde de primavera, con el cielo tímidamente azul, solitaria, y yo paseando junto a la orilla. Un hombre se aproxima. Solo el se encuentra en la larga playa. Nos miramos, mi corazón y mi alma ven entonces la parte que les fue amputada, y en ese instante sentimos que ya nos hemos encontrado, nos damos la mano y nos vamos caminando juntos, con la convicción de que permaneceremos así para siempre.
Como en los cuentos en los que el príncipe azul llega montado en un caballo blanco, con su espada alzada al viento, llegaría mi amado para rescatarme y llevarme a su reino para ser eternamente felices.
Quién no ha fantaseado en la cálida adolescencia cuando la niñez aun no ha dado paso a la madurez terrible que mata los sueños, con algo parecido a lo que leímos en los cuentos.
La realidad se presenta muy distinta. Las parejas se enamoran, se declaran amor eterno y esa “eternidad” dura cada vez menos. – “Me equivoqué, pensamos entonces. –Pero, la próxima vez encontraré al hombre de mi vida y entonces se hará realidad mi sueño”. Y seguimos buscando nuestra otra mitad, la otra cabeza que a su vez desespera por encontrar la nuestra. Solo la ficción une para siempre al hombre y la mujer perfectos..

Yo vivía en esa edad, en ese momento de la vida en que todo es posible, creía en el amor que describen los poetas cuando el desamor aún no ha llamado a su puerta. Mi hombre perfecto estaba en algún lugar y solo debía esperar.
En las palabras, en los rostros, en las miradas de los hombres que se acercaban no encontraba aquel que aparecía en mi sueño. Exigía fuera como mi corazón lo soñaba y, claro, el príncipe no llegaba.
Tú allí estabas, siempre habías estado allí. Sin reino, ni caballo, ni espada para defenderme. No, no eras el que yo esperaba. Eras mi amigo y como amigo te amaba.
Un día te acercaste a mí y me diste un beso en la mejilla. ¿Recuerdas? Un beso de amigo, fraterno, como una caricia del viento. Mi corazón se estremeció. ¿Qué pasa, me pregunté entones?
_-“Nada, sentenció mi mente, ávida de razón
-Es otro más que solo ve en ti el cascarón que te cubre-.¡ Recházalo!.
Sin embargo, mi corazón, ajeno a las reflexiones del cerebro, fue hacia ti y mis piernas, contagiadas de su locura, le siguieron. Mi alma había encontrado casa. Tú ya la cobijabas. El amor hacia ti me invadía, eras el alimento que mi espíritu necesitaba. Y sin ser consciente de lo que ocurría, sin saberlo siquiera, ya te pertenecía, algo en mí sabía que eras tú aquel que me esperaba en la playa, solo que, como algunos príncipes de los cuentos, llegaste disfrazado de tal modo que solo tu enamorada descubriría quien eras en realidad.
Me has preguntado alguna vez por qué te elegí. No lo hice. El amor llegó, y yo no hice más que seguirle.
Pasábamos largas horas hablando y largos periodos de silencio uno al lado del otro. Nos bastaba mirarnos para sentirnos felices. ¿Recuerdas? Así, cogidos de la mano comenzamos a caminar juntos…
Hasta aquí la historia es como la de tantas otras parejas de enamorados para las que no existe nada ni nadie más que su amor.
Como ocurre en la naturaleza y en la propia vida, la dulce primavera y el apasionado verano dieron paso a un otoño triste y melancólico en nuestro amor.
El camino que iniciamos juntos, y que juntos recorremos, atravesó terrenos sin allanar, túneles oscuros y largos momentos de espesa niebla, tramos angostos que, aunque no nos impidieron seguir caminando, hacían difícil la marcha. Alternamos kilómetros de nubes con lluvias intensas que al amainar dejaban paso a recorridos verdaderamente apacibles, con días soleados en los que “caminar” juntos constituía todo un placer. Como les pasa a tantas parejas…
El trabajo, las preocupaciones, la prisa, la falta de tiempo para estar juntos y el paso del mismo hizo estrecho el sendero, tanto, que continuar caminando parecía imposible pero seguimos avanzando. Con los problemas llegaron las dudas y aquel amor tan grande pareció reducirse.
El ser que en tu interior habitaba, por el que mi corazón se volvió loco…no estaba.
Sin embargo en todo ese tiempo hubo algo que no cambió. Cada mañana, desde el primer día, todos los días, antes de irte te acercabas a nuestra cama y me dabas un beso, lleno de ternura y cariño. Presentía que eso salvaría el amor que dormitaba, como hibernan los osos-aletargados- sin apenas respirar pero vivos, esperando el calor de la primavera para despertar. Solo debía esperar a que nuestra primavera otra vez llegara. Supongo que eso también les ocurre a muchas parejas. Esperan que su amor pueda con las crisis y se agarran con fuerza a un detalle, a una mirada, a cualquier cosa que les haga pensar que se equivocan, que su amor está solo escondido, que el invierno pasará pronto.
La casualidad hizo que fuera al final de un invierno, a punto de llegar la primavera cuando sucedió. Las primeras hojas comenzaban a salir en los árboles tempranos, brotaban las primeras flores, el sol comenzaba tímidamente a calentar. Marzo terminó deprisa y se llevó-junto a dos días de mis recuerdos- mi alegría.
Aquel terrible accidente cambió mi vida para siempre. Quise despertar del sueño pero no existía sueño del que despertar.
Dejé de caminar y, quien podría imaginarlo, mis otras dos piernas comenzaron a hacerlo por mí, no podía pensar ni tomar decisiones pero mi otra cabeza pensaba y decidía por mí, dejé de hablar y mi otra boca se expresaba por mí. Quise dejar de luchar, era demasiado duro para mí, pero tú luchaste por mí. Me aferré a la vida porque tú respiraste por mí, comiste por mí y velaste mi sueño .Mi dolor era el tuyo, mi sufrimiento pesaba menos contigo, eras parte de mi yo.
Aprendimos de nuevo a caminar, seguros, sin miedo, apoyados el uno en el otro. Nuestro amor se ha hecho grande, adulto y maduro.

He descubierto en ti un hombre maravilloso. Eso es lo que mi alma buscaba.
Ahora sé que fue bonito aquel tiempo de enamorados pero el amor que tenemos ahora es el auténtico. Al haber permanecido unidos en el sufrimiento, al haber sacrificado algunos sueños propios para realizar conjuntamente los nuestros, al haber creído en nosotros, en nuestra vida en común, hemos alcanzado el amor verdadero
Buscamos fuera lo que siempre ha estado junto a nosotros. No existe el hombre ni la mujer perfecta, es el compromiso de vivir hombre y mujer unidos en el maravilloso camino de la vida y el amor incondicional lo que hace que todas las piezas encajen.
¡Eras tú!, ¡eres tú! Tardó mi mente en saber lo que el corazón supo siempre.
Nuestro amor ha ido moldeándose hasta llegar a ser nuestra obra de arte. Tan grande que ahora sé que perdurará más allá de nosotros.
Como dice Gibrán “Cuando el amor os llegue seguidlo…, y cuando se esconda o se pierda buscadlo de nuevo, muchas veces continúa a nuestro lado. “ Creed en el”.








