Si compartes tu pan,te gustará más. Si compartes tu felicidad entonces aumentará.
domingo, 10 de marzo de 2019
¿Hay alguien ahí?
Después de muchísimo tiempo sin venir me pregunto, ¿aún estáis cerca?
He estado fuera, o dentro, según se mire, dedicada a la escritura en cuerpo y alma..., ¡escribiendo una novela!
Todos me dicen que escribir no compensa. ¡Tanto tiempo y esfuerzo dedicado a crear unos personajes a los que les tomas tan cariño que te cuesta poner punto y final a su historia! ¡Tantas horas dedicadas a recabar datos para crear el contexto histórico idóneo! Encontrar el equilibrio entre narración, diálogo, descripción, uso de modalizadores...En fin, todo lo necesario para que la historia parezca natural. Muchas horas dedicadas al duro e intenso trabajo de construir una escena que logre llegar al lector..., y ¿para qué?
Desde mi entorno me decían que solo se vende lo que las grandes editoriales quieren, que no vale la pena, que no conseguiré llegar a los lectores...
Y aquí estoy, con mi novela acabada, con mis ahorros destinados a la auto publicación y deseando entregaros mi regalo. La próxima semana tendré el libro en mis manos. Aún no puedo creerlo.
Comparto con vosotros la portada.
Decidme...¿seguís ahí? ¿Qué os parece?
Os envío un abrazo.
Libertad Pelayo.
martes, 22 de noviembre de 2011
Soy lo que seré mañana
Se llamaba Emérito, nombre que le sentaba como un traje a medida. De porte distinguido, no pudo ir a ningún colegio pero tenía las respuestas a muchas preguntas antes de poder leerlas en los libros. Y poseía la capacidad de saber como era una persona observando tan solo su forma de caminar. Bajo sus ojos caídos y su rostro maquillado por la edad, asomaba un hombre maravilloso. Con El paso de los años fue menguando pero sus manos seguían tan grandes como siempre y su nariz continuaba creciendo, como su grandeza.
Si le preguntaban por su salud su respuesta era siempre la misma:
_¡Estoy como un chaval!. A sus ochenta y dos años, jamás se quejaba.
_Si les cuentas a los demás tus achaques,_solía decir, _ también tú te escuchas y te crees lo que oyes. Yo no dejo que eso pase y tú deberías hacer lo mismo.
_Pero, abuelo. _Es que yo estoy bien, bien de verdad._le contestaba, incrédula por su respuesta.
_¡Y yo, hija, ¿no te digo que estoy como un chaval?.
_Entonces, ¡no eres sincero!, replicaba yo insistente. Tomas un montón de pastillas, cojeas y tu voz se torna agitada al caminar.
Pero mi abuelo no era fácil de convencer y para él mantener una actitud positiva ante la vida, ver "el vaso medio lleno", hacía que esta resultase mucho mejor de lo que la realidad mostraba.
Deseaba que él me enseñara cuál era el secreto para adivinar cómo eran los demás. Solía decirme:
_Contigo he podido volver a la niñez. He vivido dos vidas, mi preciosa María, al verte crecer a mi lado. Y he aprendido mucho de ti.
Para mí no había mejor programa de televisión que vigilar con él el puente Romano y adivinar juntos el sentir de los que lo cruzaban.
_Ver a los demás solo requiere tiempo, pequeña, ese que a ti te falta para hacer todo lo que quieres y que a mí ya me sobra.
_Mira, _Me decía con voz queda. _ Esa mujer que se acerca cabizbaja lleva sobre sus hombros tal preocupación que no la deja levantar cabeza. Necesita escuchar un poco de música rockera, ¿No crees?. Mi abuelo amaba la música. Decía que era pura medicina para el cuerpo y la mente. Y, como no podía mover los pies, meneaba la cabeza y las manos al compás.
_¿Como sabes todo eso, abuelo?, le preguntaba asombrada.
_Basta con saber mirar, hijita. Y si quieres conocer a alguien un poquito más el siguiente paso es saber escuchar.
_Si preguntaras a alguien como se siente los días grises de lluvia y te contestara suspirando:"_ Mal, me deprimen y entristecen. Me invade la melancolía; odio los días lluviosos".
Y, al hacer la misma pregunta a otra persona esta te dijera; "_Muy bien, me encanta el sonido de la lluvia y pasear por la calle con ese olor a fresco que inunda y lava cada rincón como si hoy tocara limpieza general."
Tan solo por sus respuestas podrías saber, al menos, la actitud que cada uno toma ante el mismo acontecimiento.
A veces no son las respuestas sino las preguntas las que te muestran los intereses de una persona. Alguien que quiere saber cuál es tu signo del zodiaco probablemente esté interesado en la astrología; si te pregunta qué sientes en este mismo instante, entenderás que ella misma se guía más por los sentimientos que por la razón. Y si te invita a una copa,_ añadía con sonrisa socarrona_ seguro que le gustas y quiere conocerte más.
Lo cierto es que, aunque tiñera de sencillo lo extraordinario, mi abuelo tenía un don especial, una manera de ver y sentir el mundo que te hacía querer ser como él, sin dejar de ser tú misma.
Era un hombre tan vital que murió mientras vivía. Simplemente se le incendió el corazón al haberle usado mucho tiempo. Se fue tal y como deseaba hacerlo:ligero de equipaje, solo con lo que un hombre puede llevar consigo si naufraga en una isla desierta: Lo aprendido, lo disfrutado y el amor entregado. No me quedó nada por decirle pero si pudiera hablar con él seguramente mis palabras serían: _Te echo de menos, abuelo, pero sigo tus consejos: Sonrío a diario, bailo a días alternos; Disfruto de nuestro plato preferido, las sopas de leche, cada Jueves. He hecho ese viaje a Roma por los dos, espero ir pronto a esa pampa Argentina a la que viajaste, y que me describías tan fielmente, que al pisarla la sentiré recorrida. Y soy hoy lo que quisiera ser mañana, tal y como tú querías.
Por Libertad Pelayo.
ESte Relato forma parte de mis "deberes". Asisto, por primera vez, a un taller de escritura en mi ciudad. A los participantes se nos planteó el siguiente reto: cada uno formulaba una pregunta(éramos diecisiete) y con las respuestas a esas preguntas intentar hacer un relato-retrato. Compartí con vosotros lo que surgió en mi mente.
viernes, 11 de noviembre de 2011
El Otoño
(Óscar Wilde)
viernes, 4 de noviembre de 2011
En tus ojos azules

Solo unos minutos antes un hombre grueso me había cogido en brazos y me había depositado allí, bajo un gran plato circular cuajado de luces. Al parecer algún aparato impedía el paso de la cama con ruedas en la que yo viajaba, al lugar central de la estancia donde debía dejarme. Él, airado por las palabras que otro hombre vestido de verde le decía y convencido de que podría fácilmente con el peso de una mujer tan delgaducha, no dudó en solucionar aquel inoportuno problema llevándome “aúpas” como llevan a un niño a su cuna.
Es curioso como la memoria graba algunas situaciones de nuestra vida de tal manera que recordamos hasta el más mínimo detalle de esos momentos y nada del resto de ese día, de ese mes o incluso de aquel año. Así mi mente guarda cada instante de esos breves minutos antes de aquella intervención.
No puedo precisar el tiempo que permanecí sola. Esperaba, al llegar a aquel lugar, escuchar el ruido del ir y venir del equipo preparándolo todo. Como había visto en la TV. Imaginaba a los médicos dispuestos junto a la camilla, con las manos levantadas, enfundadas en guantes de látex, esperando mi llegada para comenzar la operación rápidamente. No fue así.
Me viene a la memoria, como una secuencia de una película que se repite una y otra vez, aquel olor a lejía y a medicinas. El dolor intenso producido por el celador al levantarme ambos brazos y quitarme el camisón, ignorando que tenía partida la clavícula, se unía ahora al dolor continuo que sentía en la cabeza. Abotargada por las medicinas y temblando por el ambiente gélido, no acertaba a reconocerme. Desnuda, sin perfume, sin maquillaje y sin la melena cubriéndome la cabeza y los hombros- aquella melena que era parte de mí, de mi personalidad, la imagen de mi misma-, me sentía totalmente indefensa. Todo lo que yo era parecía haber desaparecido desde aquel accidente, junto a la felicidad y a la alegría.
La idea de que me tuvieran que abrir el cráneo y hurgar en su interior para quitar aquel dolor y aquella opresión que hacían peligrar mi vida no me convencía. Suponía que era como quien intenta matar una mosca a cañonazos. Demasiado agresivo y peligroso como para surtir efecto.
Pero no tuve elección. Aterrada por la idea de que fuera solo mi cuerpo el que sobreviviera a todo aquello, que mi alma, mi conciencia, escaparan de su jaula al abrirse de aquella manera, sufría quedamente, sin sollozos, manteniéndome a la espera de lo que sucediera…
Me asustaba tanto la idea de morir por dentro y seguir con vida sin sentir, sin hablar, sin oír, sin querer y sentirme querida que la idea de no superar la operación me parecía una buena solución. Si pudiera dejar esta vida sin causar sufrimiento a mis hijos por su pérdida, la muerte no supondría para mí angustia pero la idea de que ellos se quedaran sin madre me producía tal tristeza que apenas me dejaba respirar. Además el temor a lo desconocido también me angustiaba. Una lluvia de terribles pensamientos me calaba hasta los huesos.
Mis lágrimas caían sin fuerzas. Me sentía completamente abandonada. Deseaba que algo ocurriera. Mis temblores se volvieron convulsivos. ¿Dónde se fueron todos? De pronto sentí un roce en mi mano. Abrí los ojos y te miré asombrada. Estabas de pie junto a mí y con tu mano acariciabas la mía.
Totalmente vestida de verde, cubrías tu rostro con una mascarilla que solo me permitía ver tus ojos. Me dijiste.” Tranquila, todo irá bien, abandónate”. No solo recuerdo cada palabra; Tu manera de expresarte, con tanta ternura y serenidad provocó en mí una sensación de paz difícil de explicar.
Sonreías. No ver tu rostro no me impidió saberlo. Te miré a los ojos. Eran azules, de un azul tenue como el cielo en primavera, entre el gris del invierno y el intenso azul de Julio. El contacto de tu mano y tus breves palabras llenas de esperanza me tranquilizaron. Dejé de tiritar y, ajena a lo que ocurría a mí alrededor, y con la mirada bañada en lágrimas quise decir algo pero no pude.
Solo podía ver tus ojos. Encontré belleza en un lugar donde no había nada bello. Parecías decirme“-Dáme la mano” en el momento que un tremendo calor recorrió mis venas. Entonces ocurrió. En un instante el dolor desapareció. Sentí un agradable calor, como el de los atardeceres en los días de verano. Una luz tenue brillaba a mí alrededor. El cuerpo no me molestaba, me sentía ligera y tranquila, no había ruido, solo sentí la calma y la paz que ansiaba. Fue entonces cuando supe que nada malo iba a pasarme, que nadie podría ya hacerme daño, que no debía temer, lo desconocido se hizo conocido y dejé de tener miedo.

Tus ojos fueron la gran ventana que se abrió ante mí para mostrarme aquel hermoso día claro. Sentí una apacible voz llamándome, sin gritar, callandito:”-Venga, no te quedes ahí parada, siente tus alas a tu espalda y vuela, yo estaré contigo”.
No estaba sola, nunca había estado sola. Como explicar lo inexplicable. Supe que no debía preocuparme por mis hijos, que ellos eran eternos, que siempre estaría junto a ellos, pasara lo que pasara. Les vi sonriendo y felices.
No recuerdo que pensara fuera aquel lugar la antesala al más allá. Estaba tan a gusto y con tanta paz que no me importaba haber muerto. Sin dolor, sin sufrimiento, sin lágrimas, pasé a formar parte de aquella armonía, de aquella paz que me invadía, y a la que me unía para formar un todo más grande aún.
Sonreía sin preguntarme, sin preocuparme de nada, solo disfrutando de tanta belleza cuando sentí nuevamente un dolor agudo. Cerré los ojos un momento y, al abrirlos de nuevo, sentí mi pesado cuerpo aprisionándome. Sentí nauseas, dolor. Pronto me di cuenta que estaba en el hospital de nuevo. Tuvo que pasar un tiempo para que pudiera comprender por qué tuve que dejar aquel profundo bienestar y volver de nuevo.
No volví a encontrarme con tus ojos. No pude preguntarte, no pude agradecerte, pero nunca te olvidaré.
Gracias por tu amabilidad, gracias por tus ojos que me ayudaron a volar, gracias por seguir guiando a las demás personas perdidas como yo.
Podrías pensar, creer ser solo una enfermera o una anestesista haciendo su trabajo. Sé que instruida en la ciencia de la medicina, podrías razonar que fue la anestesia la que me sumió en aquel maravilloso sueño. Que no tengo nada que agradecerte, que tus ojos ni son tan azules ni pueden llevar a ningún sitio.
Pero creo que tú sabes, por el contrario, quien eres, conoces ya lo que yo supe entonces, no albergas duda de lo que somos, de que llevamos la divinidad en cada célula de nuestro cuerpo, en todo nuestro ser.
El amor, la paz que me transmitiste, anida en ti. No importa si estás en el momento de darte cuenta o no, eres especial y estás en el sitio oportuno para hacer aquello para lo que viniste al mundo.
Me diste la quietud que mi espíritu asustado anhelaba. Ahora sé que existen personas como tú que regalan a los demás esperanza y que nos recuerdan que no estamos solos.
En tus ojos azules encontré a Dios, al ser de luz del que todos estamos hechos. Diariamente Él nos habla, nos hace saber que no hay razón para preocuparnos.”Abandónate, me dijiste… Así, Él“me llevó en brazos” cuando no podía caminar sola. martes, 19 de julio de 2011
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, entre todos esos valores, el mayor de todos, el AMOR en mayúsculas que corre por cada arteria y es impulsado por los corazones de cada amigo o amiga bloguera en este convivir que no conoce espacio ni tiempo y que tantas alegrías me ha dado.domingo, 10 de octubre de 2010
Hoja Caduca
No comprendes el por qué de tu tristeza.
_“Nada ha cambiado, los problemas cotidianos son los mismos hoy que ayer. no sé qué me ocurre_ ”, me cuentas apesadumbrada.
¿Ves como todo en la naturaleza muda, querida amiga ? Lo hace tan deprisa que pareciera lo tenía todo previsto y listo para el cambio.
El verano nos deja de un día para otro, literalmente. Se va sin avisar y sin despedirse; el paso de una estación a otra es tan brusco que no nos da tiempo a asimilarlo y, casi sin darnos cuenta, la tristeza aparece. Y nos preguntamos qué es lo que ha cambiado de ayer a hoy.
Observa la naturaleza ; los árboles se desnudan y alfombran con sus viejos ropajes todo a su alrededor. A simple vista parecen vencidos después de tanto esplendor pero solo es exteriormente. Las hojas muertas sirven de alimento a sus raíces. Ahora les toca crecer por dentro y fortalecer aún mas el tronco; el cambio es necesario para seguir avanzando; eso hará que broten de nuevo sus hojas y que se haga aún más grande en primavera, de nuevo a la vista de todos, dirección al cielo.
Así, querida amiga lectora, noso
tros, al igual que los árboles, mudamos con el cambio de estación. No siempre es época de florecer. La primavera nos invita a cambiar nuestro atuendo, contagiados por el colorido del hermoso paisaje. Y en el verano nos vestimos de alegría, ayudados por el calor del sol, que nos regala hermosos y largos días con noches cálidas para compartir con nuestros seres queridos. Y, de pronto, todo eso desaparece. Todos vuelven a la rutina, y la expresión en sus caras cambia con la humedad.
Pero, recuerda a los árboles, es solo exteriormente. Ellos nos muestran el camino; miremos hacia dentro, sí, hacia nosotros mismos ; nuestras raíces están necesitando alimento. Son ellas una parte vital que
debemos cuidar y mimar. La tristeza es sólo que no logramos ver esa parte escondida que nos puebla. Solo vemos un solo color, en una paleta llena de colores. Miremos más detenidamente y encontraremos toda la alegría que sigue con nosotros, acompañando a ese halo de tristeza.
Ya se qué me vas a decir. No comprendes por qué a otras personas no les pasa. También existen árboles que no dejan caer sus hojas en otoño, es su naturaleza aunque algunos se convencen de que son “árboles perennes, cuando en realidad son caducos, como tú. pero eso no significa que el letargo del otoño no llegue también para ellos. A todos nos invade pero existen personas como nosotras, somos de hoja caduca y usamos nuestra melancolía y nuestro silencio para nutrir esas bellas raíces. Desde fuera no se nota pero el otoño te ayudará a seguir fortaleciéndote por dentro.
¡Lo mejor está aún por llegar!No olvides el hermoso regalo que tienes, tu vida. Te propongo un pequeño plan, ¡aceptas? . Mañana, no importa como te sientas, guarda un ratito para ti, arréglate y sal a la calle. Si llueve lleva un paraguas bajo el brazo y camina atenta pues los milagros están esperando en todas partes. Sonríe a la tristeza como si fuera un espejo;ella no podrá hacer otra cosa que reflejar tu sonriente cara.Y si aún tienes ganas de llorar, llora conmigo o hazlo con alguien cercano . Compartir nuestro llanto ayuda a que desaparezca más pronto.
¡Feliz Otoño, mi preciosa amiga de hoja caduca!
Con amor.
Libertad.
martes, 4 de mayo de 2010
Celebramos juntos

Hoy quiero compartir con todos vosotros esta noticia; Como sabéis muchos de vosotros colaboro de vez en cuando con mis escritos en la página del Club Optimista Vital, creada por el profesor Bernabé Tierno.
He pensado que os gustará saber que el próximo 12 de Junio en Madrid se celebrará el primer Taller del Club optimista Vital. Allí estaré llena de ilusión. Será un día muy emotivo, de celebración y alegría, en el que escucharemos palabras llenas de positivismo, no solo de Bernabé, también de alguno de sus colaboradores. Me reencontraré con amistades y haré otras nuevas. Y eso es maravilloso, no os parece?
Os dejo el enlace a la página para que podáis informaros. Quizás tenga la fortuna de conocer personalmente a alguna de vosotras.
http://www.cluboptimistavital.com/
Para los que residís en La Península, abrigaros mucho, que hace mucho frío, vale?
Y Para tod@s, no olvidéis seguir queriendoos mucho.
Un cariñoso abrazo.
jueves, 29 de abril de 2010
Compartiendo Primavera

Bajé al jardín para contemplar de cerca a aquellas diminutas flores, que miraban al cielo, buscando alimento. Sin querer aplasté algunas pero recordé que una de las cualidades del amor es la entrega y que ellas ofrecen gratis su belleza como el árbol su sombra sin castigar al que las aplasta o corta porque no está en su naturaleza. Solo el hombre tiene esa capacidad; ellas simplemente florecen mágicamente y pueblan cada rincón del campo, animando al perezoso sol de Abril a que comience, de nuevo, a calentar. La primavera nos trae cada año un mensaje de esperanza. Nos muestra que los cambios son positivos, que la muerte del invierno es tan solo cambio y nacimiento al primer-verdor (la primavera).
Supe entonces qué ocurría. “Se lo está perdiendo-pensé-. Él me enseñó a sentir la primavera; a escuchar al petirrojo, a darme cuenta que el primer brote del Tilo anuncia que ya despierta la tierra, él… ¡él me enseñó lo que sé! Tomé aprisa mi cámara de fotos y retuve aquel instante. Corté con delicadeza un puñado de margaritas y, como una niña que ofrece un tesoro entre sus manos, corrí presurosa a entregárselo a mi padre enfermo.
Puse en una de sus blancas manos esta fotografía que veis; dejé caer en la otra las diminutas flores y le dije con infinita ternura: “¡Mira papá, te traigo la primavera!”.
Con amor.
jueves, 10 de diciembre de 2009
Las cosas que no se han hecho antes

son las que hay que intentar.
Colón soñó con playas desconocidas
a la orilla de lejanos horizontes.
Y su corazón era intrépido
y su fe era fuerte
cuando se aventuró en nuevos peligros,
y no presó atención a las multitudes burlonas
ni a los temores de la tripulación recelosa.
Las cosas que no se han hecho antes
son las tareas que valen la pena hoy.
Si buscas dentro de ti la luz que necesitas...
jamás existirá para tí lo imposible "
Apreciados amigos, estaré cerquita, para poder visitaros de vez en cuando
Voy en busca de "las cosas que no se han hecho antes", al menos lo intentaré
Las compatiré con vosotros cuando llegue al final del trayecto.
Con amor..
martes, 17 de noviembre de 2009
Agradezco

"Agradezco a la mañana,
Por haberme despertado.
Agradezco a mis padres
Que la vida me han regalado.
Agradezco a la lluvia
Que moja mis pies cansados.
Agradezco al mundo
Por haberme albergado.
Agradezco a la llama
Por haberme quemado.
Agradezco a la vida
Por dejarme vivirla.
Agradezco a la infancia
Por no haberme olvidado.

Agradezco mi mente
Mi palabra y mi canto.
Agradezco a mis manos
Porque crean por mí.
Agradezco a mis labios
Porque expresan por mí.
Agradezco a mis ojos
Porque ven la verdad.
Agradezco a mi corazón
Por dejarme soñar..
Agradezco a mi cuerpo
Por hacerme sentir.
Agradezco a la gentePor enseñarme a vivir.
Agradezco mis virtudes,
Mis logros y mis fracasos.
Agradezco mis lágrimas,
Mi dolor y mi quebranto.
Agradezco a las almas
Por el saber revelado.
Agradezco a mi amor
Por estar a mi lado.
Agradezco a mis sueños
Por lanzarme hacia delante.
Agradezco a mis hijos
Por hacerme felíz.
Agradezco a las flores
Por dar sin recibir.

Agradezco a mi entorno
Y la belleza que descubrí.
Agradezco a los velos
Por librarme de ellos.
Agradezco a la paciencia
A la humildad, a la vergüenza.
Agradezco a los ojos
Que miran mis palabras.
Y por sobre todas las cosas
Agradezco al Creador
Por dejarme encarnar
En este traje que llevo hoy..."
sábado, 17 de octubre de 2009
Flores frescas junto a mi puerta

En el quicio de la puerta encontré flores frescas! Había algunas margaritas, eran comentarios amistosos, hermosas rosas, muestras de cariño y amor. Flores silvestres, símbolo de empatia y plantas aromáticas que han conseguido impregnar este rincón del aroma maravilloso de la amistad.
Con una lavadita bastará porque vinieron a esta puerta una y otra vez caras sonrientes que la mantuvieron en pie. MIL GRACIAS A TODOS.
Con amor..
Libertad.
viernes, 22 de mayo de 2009
Aún estamos a tiempo.

No busquemos culpables; no tengo la culpa y tú tampoco.
La culpa es la falta de amor, como siempre.
Toma, una vez más mi mano.
No lleva oculta espada alguna.
No te pido nada, no busco nada, sólo te ofrezco, sólo te doy.
martes, 5 de mayo de 2009
Cuando mi silencio te llega

A vosotr@s Marisa, Neli, Ainhoa, Natacha, María, Ángela, Elsis, Marga Fuentes, Marysol, Cecy, Tía Elsa, Asun, Maria Jesus(Majecarmu), MarianGardi, Soñadora, Edurne, Ilusión, Ligia, Ana, Mari Carmen, Alma, Pedro, Anyglo, Loose, Shingen, Lupe, GRACIAS por poner parte de vosotros mismos en un paquetito envuelto con todo vuestro cariño; Gracias por recordarme que merece la pena el esfuerzo por seguir con el blog. Por hacerme ver que ESTÁIS, que SOIS una REALIDAD. Os veo desde mi ventana, os escucho a través de vuestros blogs y llenáis de colores mi casa.
viernes, 20 de marzo de 2009
Lo que tú posees.

¿Qué piedra?, -le preguntó el monje.
La otra noche, -respondió el aldeano-, se me apareció en sueños una divinidad y me aseguró que si venía al anochecer a las afueras de la aldea, encontraría aun monje peregrino que me daría una piedra preciosa con la que sería rico para siempre.
El monje peregrino rebuscó en su bolsa y extrajo una piedra: Probablemente se refería a ésta, -dijo, mientras entregaba la piedra al aldeano-. La encontré en un sendero del bosque hace unos días. Puedes quedarte con ella.
El hombre se quedó mirando la piedra con asombro. ¡Era un diamante! Tal vez el mayor diamante del mundo, pues era tan grande como la mano de un hombre. Así que tomó el diamante y se marchó. Pasó la noche dando vueltas en la cama, totalmente incapaz de dormir. Al día siguiente, al amanecer, fue a despertar al monje peregrino y le dijo: No quiero el diamante, quiero la riqueza que con tanta facilidad te permite desprenderte de él. "
(Relato adaptado, de la tradición budista)
jueves, 19 de marzo de 2009
jueves, 5 de marzo de 2009
Hoy perdono

Hoy te perdono, hoy me perdono. Sé que el perdón es la respuesta a casi todos los problemas y es un regalo que nos hacemos a nosotros mismos porque al perdonar aligeramos nuestra carga, a veces realmente pesada, y nos liberamos otro poquito.
Hoy te perdono, hoy me perdono. Sé que el perdón hacia nosotros mismos y hacia los demás nos libera del pasado
Hoy te acepto como eres, me acepto como soy. Contemplo mi pasado con cariño y sin rencores y decido llenar mi mundo de alegría. Al hacerlo recobro la paz y la armonía.

"El perdón es la fragancia
que la violeta deja
en el talón que la ha pisado"
Mark Twain
lunes, 16 de febrero de 2009
Tal y como somos
El domador de fieras enseña a los leones lo que deben hacer. Ellos son ajenos a su increíble poder. Soportan el dolor del látigo y obedecen porque así obtendrán comida y serán tratados bien. Hacer las cosas bien es, para ellos, actuar conforme a lo que el domador dicta.
Así, muchos de nosotros, solemos vivir de acuerdo con lo que nuestro “domador” particular cree que es correcto, esperando, a cambio, su cariño y aceptación. Actuamos en el circo desconociendo el auténtico león que somos por naturaleza. Y vivimos esclavos, anhelando la libertad pero sin creer que sea posible.
En nuestro interior habita ese poder, esa fuerza que nos ayuda a despertar, que nos invita a ser quienes realmente somos, a vernos tal y como somos cuando nadie nos mira, cuando nadie nos juzga. Nos empuja a ser sencillamente nosotros mismos, a pesar de todo. El ser humano se muestra tal y como es cuando no hay nadie para aplaudirle ni tampoco para reprocharle.
Siendo auténtico a cada paso que damos nuestra grandeza se muestra. Nos convertimos en mejores personas. Y aunque perdamos, en ese camino a nuestro conocimiento interior, personas que estaban cuando nos comportábamos como “exigía el guión”, el encuentro con nuestro ser y el descubrimiento de que hay mucha gente que nos acepta tal y como somos, nos hace darnos cuenta que no hemos perdido nada, que todo es ganancia.
"Ojalá seas quién realmente eres"
Con todo mi cariño y amor.
lunes, 2 de febrero de 2009
viernes, 30 de enero de 2009
Manifiesto por la solidaridad

Quien mejor que Gandhi para presentar hoy, con sus propias palabras, el Manifiesto al que me adhiero. Las frases que a continuación leeréis, todas ellas de Gandhi, resumen perfectamente, en opinión del autor, Cornelivs, el contenido y el espíritu de este “Manifiesto por la Solidaridad”.
“En la Tierra hay suficiente para satisfacer las necesidades de todos, pero no tanto como para satisfacer la avaricia de algunos”.
“Mañana tal vez tengamos que sentarnos frente a nuestros hijos y decirles que fuimos derrotados. Pero no podremos mirarlos a los ojos y decirles que viven así porque no nos animamos a pelear”.
"Dicen que soy héroe, yo débil, tímido, casi insignificante, si siendo como soy hice lo que hice, imagínense lo que pueden hacer todos ustedes juntos”.
Unamos, pues, todos nuestras voces. Con ese espíritu común, y justamente cuando se van a cumplir 61 años del fallecimiento de Gandhi, el autor del blog Cornelivs, publica el Manifiesto por la Solidaridad. Invita, pues, a todos los que compartan este mensaje solidario y así lo deseen (amigos, conocidos, lectores y demás interesados) a que lo publiquen también en sus blogs y que lo difundan a todos los medios de comunicación posibles. Cada blogger, cuando coloque en su blog este Manifiesto, recuerde lo que pensaba Gandhi: "Casi todo lo que realice será insignificante, pero es muy importante que lo haga" y también que “Lo más atroz de las cosas malas de la gente mala es el silencio de la gente buena”.
Me uno al Manifiesto por la solidaridad
Creado por Cornelivs http://cornelivs.blogspot.com/
lunes, 26 de enero de 2009
Bienvenido
Con todo mi cariño y amor.
Vuelve a tu niñez, recuerda cuando eras pequeño, tan pequeño que no tenías aún miedo, ni dudas. Nacemos sin peso, libres, y es a medida que crecemos cuando vamos incorporando a nuestra maleta temores que, en ocasiones, perduran en nosotros el resto de nuestra vida.
Hoy he visto a un recién nacido. Hoy he visto la belleza, la inocencia y el amor a través de sus ojos. No he podido contener la emoción y las lágrimas han llegado a los míos. Sé que es motivo de alegría que un niño nazca y sin embargo la tristeza también aparece al saber que, con su nacimiento, trae la capacidad para aprender de nosotros. Decía Rousseau “La infancia tiene sus propias maneras de ver, pensar y sentir; nada hay más insensato que pretender sustituirlas por las nuestras”.
Hay tanta hermosura en sus ojos. ¿No sería posible que, por esta vez, dejáramos que este niño no empezara a cargar temores?. Qué solo le ofreciéramos una cálida y alegre Bienvenida al mundo sin regalarle nuestras propias maneras de pensar acumuladas en nuestras maletas…
Ponemos todo nuestro afán en enseñarles desconociendo que es de ellos de los que tenemos que aprender.
Cuando un viajero, un familiar lejano, un amigo que hace mucho que no vemos llega a nuestra puerta, merece una cálida y alegre bienvenida. Cuanto más se merece un niño que viene de un mundo sin espacios, sin fronteras y que debe aprender a vivir en un espacio tan chiquitín como su cuerpo. Un niño que al nacer comienza su camino hacia el olvido de quién es realmente. Olvidar de donde procede para vivir plenamente aquí y echar raíces.
Bienvenido al mundo, querido niño. Volveré a darte la bienvenida al oído cada vez que te vea. Deseo que el regalo de mi ternura y amor te llegue también de cada persona que se acerque a ti. El cariño y el amor tienen que ser una lluvia fina y constante entregada sin cesar a los recién llegados para que inunde sus corazones nuevos.
Al nacer y en la primera infancia estamos muy cerca de Dios. Por eso, los niños son nuestros maestros, nuestro punto de encuentro con la fuente, con ese otro mundo de donde todos procedemos y al que vuelve el ser que conoce el camino de vuelta.
Nos acercamos a ellos y una sonrisa se dibuja en nuestra cara. Cuanto más anciana es la persona más se siente atraído por un niño y, si es recién nacido, más fija su mirada en sus transparentes ojos. La mayoría de las veces no sabe que es exactamente lo que le atrae. No se da cuenta que el camino de vuelta es el mismo que ha recorrido el niño para venir. Les une el principio de uno y el fin del otro. La paz, la quietud que traen consigo lo recién llegados es lo que perdemos a lo largo de nuestra vida. Los temores se van acumulando en nosotros. La duda, la desconfianza, la rabia han destruido nuestra inocencia. El bebé viene con todo lo que buscamos luego. Y volvemos a el con la esperanza de recuperarlo.
Vivir es llegar y morir es volver. El niño viene sin saber hablar y para cuando aprende a hacerlo ya se le han olvidado las respuestas a preguntas que se hará el resto de su vida y que podía haber contestado con toda naturalidad al nacer. Por eso estar en compañía de un niño puede hacernos percibir lo que sabe, lo que es. Puede trasmitirnos la alegría que trae consigo y reflejar un poquito de la eternidad a la que pertenece y a la que pertenecemos todos. “Aunque mis labios se quedasen sin voz, mis ojos hablarían”. Ellos hablan y a veces tapamos lo que dicen con nuestras palabras ya que éstas no coinciden con lo que nuestros ojos reflejan. Mira los ojos de un niño y escucha lo que dicen, quizás encuentres en ellos el camino de vuelta a casa.


